Los conductores de Vitrasa piden vallas para evitar atropellos mortales
La trabajadora que llevaba el bus que arrolló a la mujer en el cruce de Lepanto está de baja y muy afectada
El sitio donde un autobús de la línea 5A de Vitrasa
atropelló a dos personas en la noche del pasado sábado, una de las
cuales falleció en el Hospital Álvaro Cunqueiro 48 después del
accidente, es un punto negro para la plantilla del transporte urbano.
«En este lugar se han producido muchos accidentes ya que algunos
peatones cruzan por lugares no autorizados», explica Juan Narciso Pazos,
presidente del comité de empresa de la concesionaria municipal del
transporte urbano.
La receta de Pazos para evitarlos, o al menos reducir el
riesgo, en sencilla. «Deberían colocarse vallas que impidieran a los
viandantes cruzar por lugares no autorizados. Es un método muy eficaz ya
que en la práctica lo impide, y se ha comprobado muy cerca, junto a los
grandes almacenes de la Gran Vía», señala.
En dicho punto, en las confluencia de Venezuela y Gran Vía,
hay frecuentes apelotonamientos de peatones, lo que supone una gran
preocupación para los conductores de Vitrasa.
Sin embargo, deja claro que no solo hay riesgo junto a
establecimientos comerciales. «También junto a centros escolares, y como
ejemplo cita el colegio de las Jesuitinas (calle Pi y Margall) o el del
Amor de Dios (avenida de Europa».
Estima que en ambos casos la existencia de vallas sería de
gran ayuda para garantizar la seguridad vial. En el primer caso, por las
dimensiones de la acera junto al centro escolar e incluso para evitar
el cruce desde la situada frente al centro. «Las personas que van a
atravesar la calle se fijan en el carril contrario, donde circulan los
vehículos privados, y se olvidan del carril junto al que se encuentran,
reservado al transporte público. Y a veces un bus de Vitrasa les pasa
rozando, lo que es un peligro», explica.
En el Amor de Dios el problema es diferente. «A este centro
acuden bastantes alumnos en coche, y muchos padres acostumbran a hacer
giros no permitidos para dejar a sus hijos junto al colegio. En
ocasiones acuden agentes municipales y mejora la situación, pero lo
habitual es que no haya policía».
Al volante
El accidente del pasado sábado, el más grave en años
protagonizado por un vehículo de Vitrasa, ha causado hondo pesar a una
plantilla cuya jornada laboral se desarrolla a diario conduciendo
vehículos de gran tamaño por la ciudad. Tras lo ocurrido, la conductora
del bus que arrolló a la peatona fallecida se encuentra de baja y muy
afectada por este suceso.
15 segundos para cruzar la calle Urzaiz
La mujer atropellada con su acompañante por un autobús
interurbano el pasado sábado perdió la vida en una de las zonas más
conflictivas desde el punto de vista del tráfico. Se trata de un punto
donde muchos peatones pierden la paciencia y cruzan de forma indebida.
La causa es que es el cruce donde más tiempo permanecen en rojo los
semáforos para los peatones para permitir que el tráfico rodado fluya de
forma constante entre las calles Urzaiz, Gran Vía y Lepanto.
El sentido común dice que hay que extremar la precaución y
cumplir las señalizaciones marcadas para prevenir los siniestros. Las
víctimas pudieron pecar de un exceso de confianza a la hora de atravesar
fuera de un paso de peatones esta calle tan transitada. El semáforo que
regula el tránsito a pie en este lugar, a la altura del número 51 de la
calle Urzaiz, no esta hecho para todas las personas que caminan con
prisa. Solo se pone en verde por espacio de 15 segundos. Después
permanece en rojo para los peatones durante un minuto y medio.
Prácticamente solo da tiempo a pasar por aquí si ya se está en el borde
de la acera esperando para cruzar. Personas de la tercera edad que
caminan despacio tienen dificultades para poder cruzar la carretera en
este punto porque tienen el tiempo muy justo para hacerlo.
Celeridad
De esta confluencia de calles, es el lugar donde los
peatones tienen menos tiempo para cruzar y deben esperar más segundos
para hacerlo. En el cruce de la calle Lepanto, por ejemplo, el semáforo
se pone verde para los peatones durante 30 segundos, es decir el doble
que en la calle donde se produjo el siniestro. Y los peatones esperan en
Lepanto 30 segundos menos en cruzar, puesto que solo permanece en rojo
para ellos durante aproximadamente un minuto.
Esta situación empuja a que ciudadanos que van con prisa se
cansen de esperar a que cambie el color del semáforo y se arriesguen a
cruzar cuando no deben, con el consiguiente peligro. Cruzar fuera del
paso también es una infracción habitual en este lugar. Al bajar por la
Gran Vía y cruzar directamente a la calle Lepanto se ahorran unos metros
de subida a la calle Urzaiz, donde se encuentra el semáforo.
Así lo atestigua la farmacéutica que trabaja cerca del lugar
donde se produjo el siniestro el pasado sábado. «El problema es que la
gente cruza mal», afirma esta profesional que tiene conocimiento de más
atropellos en este mismo lugar.
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