Una casa imán de accidentes
Esta mujer de A Barcala se ha acostumbrado a los gritos de conductores heridos. Los últimos, esta semana: «Sacadme de aquí, por favor»
Han pasado ya dos días del siniestro y a Purificación no le salen de
la cabeza los gritos de los últimos jóvenes accidentados frente a su
casa. Sobre todo, los lamentos de uno de los chicos, que repetía una y
otra vez que lo sacaran del interior del vehículo. «Lo pedía sin parar
mientras la gente trataba de calmarlo», recuerda esta vecina de Cambre (A Coruña) que vive frente a una curva que ha dejado gente inválida y muchos unidos a la vida por un hilo.
A esta mujer que reside en el 109 de la carretera de A Barcala, justo donde el
martes se produjo el brutal siniestro que dejó tres jóvenes muy mal
heridos -uno de ellos permanece en coma y el otro podría perder la
movilidad-, la despertó el enorme estruendo que provocó la colisión
del coche contra un pilar de hormigón que hay en el arcén. Se levantó de
la cama y corrió hacia la ventana, donde se encontró con lo que tantas
veces se había encontrado en los cerca de treinta años que lleva
viviendo en las márgenes de la vía que une A Barcala con Cambre. De
nuevo, y ya van 11 veces en la última década, un
vehículo perdía el control en la curva y terminaba en su finca. Pero
esta vez todo fue distinto. Mucho peor que en anteriores siniestros,
porque los que iban en el coche accidentado «no eran más que unos niños». Y los gritos de uno de ellos pidiendo auxilio le dejaron «un nudo en el pecho» que no se lo puede sacar.
Corriendo al auxilio
Purificación recuerda que nada más producirse la colisión, los
conductores de otros vehículos que circulaban por la vía corrieron al
auxilio de los ocupantes. El coche estaba irreconocible. Su conductor,
que viajaba en dirección a A Barcala, había perdido el control
del vehículo en la curva, invadió el carril contrario, se llevó por
delante el cierre de una finca y terminó en un enorme pilar de hormigón que evitó que el coche acabase en el interior de una casa en construcción.
Los testigos se encontraron con tres jóvenes de 19, 21 y 28 años
atrapados entre los hierros del vehículo. Purificación escuchó varios
gritos, pero el que le quedó grabado fue el del chico que pedía que lo
sacaran de ahí. Tuvieron que desplazarse al lugar los bomberos de Arteixo
para excarcelar a uno de ellos. A los otros dos ya los habían auxiliado
primero los testigos y luego los servicios sanitarios y la Guardia Civil.
Fuentes de Tráfico atribuyen el accidente a la alta velocidad.
El tramo está limitado a 50 y, metros antes del punto en el que el
conductor perdió el control del coche, hay una señal de curvas
peligrosas. El asfalto estaba seco y en perfecto estado. «Si la gente
circulase como Dios manda, no habría accidentes», dice Purificación, que
lamenta que no sirvan de nada los arreglos en la calzada y las señales.
Asegura que desde que vive en esa casa, ha visto a hombres quedarse
inválidos y mucha gente que salvó su vida de milagro. Pero un accidente
como el del martes Purificación no lo había visto jamás.
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